Aunque la canela es un pilar en la repostería y la medicina natural por sus propiedades antioxidantes, diversas autoridades de salud como la FDA y la Comisión Europea han intensificado sus advertencias debido a riesgos críticos que pasan desapercibidos para el consumidor promedio.
El peligro más reciente y grave es la contaminación por plomo y metales pesados en la canela molida, un problema que persiste este año tras detectarse que algunos proveedores añaden sustancias como cromato de plomo para mejorar el color y el peso del producto, lo que puede causar daños neurológicos irreversibles, especialmente en niños.
Por otro lado, existe un riesgo biológico natural relacionado con la variedad Cassia, que es la más económica y común en los supermercados; esta variedad contiene altos niveles de cumarina, un compuesto químico que en dosis elevadas actúa como una toxina capaz de causar daño hepático y renal severo.
En contraste, la Canela de Ceilán (Cinnamomum verum) posee niveles de cumarina casi insignificantes (menores al 0.004%), lo que la convierte en la opción más segura para el consumo diario.
Para protegerse, los expertos recomiendan preferir la compra de canela en rama, ya que es más difícil de adulterar, verificar que el etiquetado especifique el origen "Ceilán" y mantenerse informado sobre los lotes retirados del mercado por presencia de contaminantes metálicos.
La moderación es clave, ya que incluso una cucharadita de canela Cassia puede superar la ingesta diaria tolerable de cumarina para un adulto, por lo que se sugiere limitar su uso en niños y personas con sensibilidad hepática.
