Lo que parecía una compra ordinaria de papelería se convirtió en un desternillante choque cultural cuando una abuela adquirió, por pura estética, una libreta negra de pasta rígida sin sospechar que se trataba de una réplica de la "Death Note".
La elegancia del cuaderno ocultaba para ella el oscuro trasfondo del anime japonés, donde el objeto sirve para sentenciar a quienes aparecen en sus páginas.
La revelación llegó de mano de sus nietos, quienes le explicaron el significado del título plateado que adornaba la portada.
Lejos de sucumbir al misticismo o al temor, la mujer reaccionó con una practicidad implacable y decidió realizar un "exorcismo" casero utilizando un frasco de acetona.
Con la firme determinación de que "si la acetona no lo quita, la voy a tirar", comenzó a frotar las letras para eliminar cualquier rastro del nombre maldito, tratando la reliquia del anime como si fuera una simple mancha de esmalte rebelde.
